Comprender cómo afecta la neuroplasticidad nuestras relaciones personales nos permite adaptarnos a los cambios naturales de la vida llevarnos mejor con los demás.

Algo similar le pasó a Ramiro, quien esperaba que su esposa siguiera siendo la chica ingenua, angelical y vulnerable con la que casó hace treinta años. Ella le había pedido el divorcio pues, al parecer, él no había evolucionado a su mismo ritmo; dejaron de tener compatibilidad pues él no había crecido.  

Por su parte, Nora no comprendía por qué había perdido a sus amistades de la infancia, pero es que nunca tuvo la habilidad de adaptase a las nuevas etapas de la vida y esperaba que los otros siguieran respondiendo como eternos adolescentes, tal como los había conocido. 

Las relaciones humanas deben evolucionar 

Ciertamente estas historias parecen absurdas, pues sabemos que las personas cambiamos con el tiempo y a ello debemos adaptarnos. Nuestros gustos, formas de pensar y necesidades van evolucionando a medida que maduramos y de manera conjunta deberíamos acoplarnos a cada etapa de la vida. Esperar que el otro se comporte de igual manera que lo haría hace años es inmaduro y demuestra poca plasticidad neuronal

Estamos subordinados a los cambios naturales de las personas con quienes tenemos algún vínculo, y así mantener relaciones sanas con quienes nos rodean. Aunque a veces puede resultar difícil mantener esas buenas relaciones porque los cambios son una constante en la vida y no siempre alcanzamos a adaptarnos en la manera en que éstos se presentan.  

Las personas se mueven, las situaciones cambian, tenemos más obligaciones y menos tiempo para cumplirlas, y a pesar de todo esto, todavía necesitamos poder ser buenos amigos, buenos compañeros y buenos socios para los más cercanos a nosotros, asumiendo esas transformaciones. 

Estas adaptaciones, sin embargo, son posibles gracias a la neuroplasticidad. Las neurociencias sociales nos revelan que nuestra capacidad para crear, desarrollar y mantener los lazos sociales, tan importantes para nosotros, está estrechamente vinculada a la plasticidad de nuestro cerebro.  

¿Qué es la plasticidad neuronal?  

La neuroplasticidad o plasticidad cerebral es la capacidad de nuestro sistema nervioso para adaptar su estructura y función a lo largo de nuestra vida en respuesta a los cambios en nuestro entorno. Es el proceso por el cual nuestro sistema nervioso cambia y crece en respuesta a factores ambientales beneficiosos y cómo se adapta a los cambios en general. 

Gracias a ello, las neuronas se pueden regenerar tanto en su forma como en su funcionamiento, y de esta manera formen nuevas conexiones sinápticas. Es decir, la plasticidad es la capacidad que tiene el cerebro para recuperarse y reestructurarse. Este potencial adaptativo del sistema nervioso permite que el cerebro se recupere tras trastornos o lesiones y reducir los efectos de las estructuras alteradas por patologías como la Esclerosis Múltiple, la Enfermedad de Parkinson, el deterioro cognitivo, el Alzheimer, la dislexia, el TDAH, el insomnio, etc. 

¿Cómo afecta la neuroplasticidad nuestras relaciones personales? 

Como hemos dicho antes, los lazos que formamos y los roles que desempeñamos en cada relación cambian con el tiempo, la neuroplasticidad es lo que nos ayuda a ser flexibles en la forma en que interactuamos con las personas que nos rodean cuando cambian y crecen.   

Ante estos cambios es muy posible que debamos ajustar la forma en que interactuamos con los demás, en diferentes circunstancias. Es la plasticidad la que nos ayuda a ajustar los modelos mentales de cómo interactuamos con cada persona, actualizando nuestras expectativas y comportamientos en función de cambios tanto a corto como a largo plazo, en el entorno y la naturaleza de cada relación.  

La capacidad para generar nuevas vías neuronales y construir nuevos modelos cognitivos de comportamiento basados en una dinámica de cambio constante es fundamental para mantener lazos saludables con quienes nos rodea.  

Por el contrario, ser incapaces de adaptarnos a esos cambios por una escasa plasticidad neuronal evidenciaría comportamientos como los de nuestros ejemplos con Carol, Ramiro o Nora.  

¿Cómo incrementar la plasticidad neuronal? 

Afortunadamente, la neuroplasticidad no es estática y aún con los años se puede incrementar a partir de la práctica constante. Para ello contamos con dos caminos para estimular y conservar la plasticidad cerebral:  

El primero tiene que ver con acciones cotidianas como alimentarse, dormir bien o practicar ejercicio. Debemos llevar una dieta balanceada y actividad física que no sólo promueven la salud sino también nos protegen de patologías como hipertensión arterial, obesidad, sobrepeso y diabetes, que afectan al sistema nervioso, además de perjudicar su desempeño, explicó Casasola.  

Por otro lado, está el camino profesional donde se puede trabajar con técnicas, modelos o metodologías especializadas encaminadas a promover la plasticidad neuronal y rehabilitar al individuo —en caso de enfermedad— y aumentar su calidad de vida.  

Este es el caso de la técnica NeuroDOZA®, un innovador método de neurofeedback creado por Val y Sue Brown, dos psicólogos clínicos; un método sencillo, eficaz sin efectos secundarios y sobre todo que se encontrará al alcance de todos.   

Un sistema global de neurofeedback dinámico que se basa en la plasticidad cerebral y sobre su capacidad de auto-curación, ayudando al cerebro a mantenerse en el presente a través de mecanismos inconscientes.   

Es un enfoque no médico y que no implica ningún diagnóstico, es suave, natural y seguro, tal como un espejo que informa al cerebro de su funcionamiento y le deja tomar las decisiones, sin imponer un estado especifico. 

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