Datos insospechados se mantienen en nuestra memoria, pues el cerebro humano es capaz de almacenar grandes cantidades de información.  

Según nos dice la ciencia, la capacidad de almacenamiento del cerebro es aproximadamente de 2.5 petabytes, es decir un millón de gigabytes.  

Sin la memoria seríamos incapaces de aprender cualquier cosa, no podríamos dar sentido a nuestro entorno ni a nosotros mismos.  

Nuestra capacidad de recordar nos permite sobrevivir, disfrutar de la vida, tener una identidad y hacernos interrogantes que fomenten nuestra curiosidad (lo que nos lleva a una nueva búsqueda de conocimiento).  

No obstante, no existe una única memoria. Contamos con diferentes tipos de memorias que cumplen funciones diversas en el almacenamiento de la información que percibimos a través de los sentidos, la experiencia y el aprendizaje.  

Estas memorias tienen su forma particular de funcionar, pero todas cooperan en el proceso de memorización, el cual nos ayuda a adaptarnos al entorno y define quiénes somos.  

Memoria sensorial 

Los datos que recibimos a través de los sentidos son reunidos por la memoria sensorial que es muy breve, pero también es amplia. Es como cuando observamos un paisaje, captamos los detalles pero a la vez el paisaje se olvida rápidamente y, según el caso, pasará a la memoria a corto plazo por si hay algo inmediato que debamos recordar.  

La información que llega a la memoria sensorial permanece el tiempo necesario para ubicarnos en el presente, es atendida de manera selectiva e identificada para poderla procesar posteriormente. Los datos compilados por este tipo de memoria son visuales, auditivos, olfativos, táctiles…  

Memoria Corto Plazo 

Una vez que la información adquirida por los sentidos ha sido procesada por la memoria sensorial, los datos relevantes pasan a la memoria de corto plazo, también llamada memoria operativa o memoria de trabajo.  

Como su nombre nos sugiere, la memoria a corto plazo es muy limitada; después de 20 o 30 segundo la información se pierde si no hacemos algo con ella, ya sea repasarla o repetirla.  

Este tipo de memoria cumple con dos funciones: mantiene información en la mente aun cuando no está presente y puede manipular la información permitiendo intervenir en otros procesos cognitivos superiores.  

A la memoria de corto plazo también se le llama memoria de trabajo por su importancia en el procesamiento cognitivo, pues permite el cumplimiento de tareas como el razonamiento, la comprensión y la resolución de problemas. 

Memoria a largo plazo 

El almacenamiento de la información de forma duradera corresponde a la memoria de largo plazo. Es la reserva con mayor capacidad para contener datos que está ordenada en otro tipo de submemorias conscientes y no conscientes. A éstas corresponden la memoria implícita y la memoria explícita.  

  • Memoria implícita 

Dentro de la memoria de largo plazo encontramos un área que almacena datos de forma inconsciente, la cual llamamos memoria implícita. Ésta nos permite un aprendizaje de habilidades que, a la larga, se activan de forma automática; como andar en bicicleta o conducir un automóvil.  

  • Memoria explícita 

Por otra parte, hay una memoria que requiere un mayor nivel de conciencia, al menos en el momento de la percepción. También llamada declarativa, esta memoria incluye conocimientos objetivos de las personas, los lugares y las cosas, así como lo que ello significa.  

De la memoria explícita se reconocen dos tipos: memoria semántica y la episódica. 

  • Memoria semántica 

Es aquella vinculada al almacenamiento de toda la información que acumulamos a lo largo de la vida, incluye tanto las palabras que aprendemos como otro tipo de conocimiento y cultura general que vamos adquiriendo. Es un registro extenso y organizado en redes de significados, categorías y conceptos.  

  • Memoria episódica 

Esta memoria, de alguna manera, nos hace ser quienes somos, pues es la memoria autobiográfica. La que nos permite recordar hechos específicos, experiencias y acontecimientos que forman nuestra historia.  

La pérdida de la memoria 

Aunque existen estos y otros tipos de memoria, según su función, los procesos de aprendizaje y recordación pueden verse afectados por muy diversas razones.  

Desde un descanso insuficiente, un accidente, hasta una enfermedad neurodegenerativa, la memoria puede dañarse o perderse a lo largo de la vida.  

Por ello la importancia de mantener activa y entrenada la memoria.

NeurOptimal® te ayuda a prevenir y a retrasar el envejecimiento neuronal. El entrenamiento continuo con este método permite mejorar las capacidades relacionadas con la atención y la concentración, así como la memoria.  

El neurofeedback dinámico promueve la recuperación de los circuitos neuronales, influyendo favorablemente en tu bienestar físico, mental y emocional. 

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